La cantidad necesaria de CO2 para extinguir un fuego puede causar daño al personal, y esta característica se debe tener en cuenta a la hora de diseñar un sistema.

Además de tener efecto asfixiante, el dióxido de carbono se considera un gas tóxico.

Exposición a atmósferas que contengan un 5% de dióxido de carbono, provoca un leve mareo y ligeros dolores de cabeza, mientras que a un 10% produce dolor de cabeza, problemas visuales, zumbido en los oídos (tinitus) y temblor, luego viene la pérdida de conocimiento.

A concentraciones de extinción del dióxido de carbono, que normalmente son superiores al 30%, que son cercanas al punto de inundación total o aplicación local, se produce un fenómeno de asfixia inmediata.

Este gas es más denso que el aire, por lo que se puede acumular dióxido de carbono en espacios de niveles inferiores, bodegas, falso suelos, sitios muchas veces de baja o nula ventilación.


La rápida expansión de grandes cantidades de CO2, provoca un efecto de enfriamiento en el riesgo, y cerca de los puntos de descarga. Esto puede presentar un riesgo de peligro de producir quemaduras por congelación.







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